Llevo toda una vida de tratamientos. Tengo 50 años. Sí, quizá de algo me han servido. Pero subsiste una atracción a la angustia, que por largas temporadas me atrapa. Desde luego, sí pienso que los que arrastramos este sufrimiento somos personas de una exigencia ética poco común. Observo con envidia como disfrutan los egoístas, los sin escrúpulos.