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Solución de problemas

En este apartado veremos una técnica para encontrar soluciones a los problemas. Puede tratarse de un problema de cualquier tipo (salud, economía, familia, trabajo, problemas psicológicos, etc.). Ayuda a ver los problemas (o la vida en general) como una serie de dilemas que requieren solución y no como amenazas insuperables. Visto de este modo ninguna situación es problemática en sí misma. Es el hecho de no poder darle una respuesta adecuada (no saber qué hacer) lo que la hace problemática. Por eso un problema no es una situación imposible, sino algo para lo que todavía no hemos encontrado una solución adecuada o que realmente no tiene solución (al menos en el momento presente), en cuyo caso no queda más remedio que aceptarlo sin perturbarnos en exceso por ese motivo. Es decir, "el problema no es el problema, el problema es la solución".

Esta técnica se utiliza del siguiente modo:

1. Especificar el problema. Describe de manera general en qué consiste tu problema.

2. Describe con detalle el problema, siguiendo los siguientes pasos:

• ¿Qué personas están implicadas?
• ¿Qué ha sucedido o dejado de suceder que te ha molestado?
• ¿En qué lugar sucede?
• ¿Cuándo sucede? Momento del día, frecuencia, duración.
• ¿Cómo sucede?
• ¿Por qué sucede? Razones que tú o los demás dais para explicar el problema en el momento en que aparece.
Responder a estas preguntas te ayudará ver el problema de forma más clara y descubrir detalles que podrías haber pasado por alto.

3. Describe de manera general tu respuesta habitual ante el problema: lo que tú haces o dejas de hacer, sientes y piensas.

4. Describe con detalle tu respuesta habitual ante ese problema, respondiendo a las siguientes preguntas:

• ¿Dónde lo haces?
• ¿Cuándo lo lo haces? Tiempo en reaccionar, duración de la respuesta
• ¿Cómo lo haces? (si reaccionas con intensidad, te controlas, estallas, te reprimes)
• ¿Cómo te sientes? (emociones de depresión, ira, culpa, ansiedad, etc.)
• ¿Por qué lo haces? Qué piensas, qué interpretaciones haces, explicaciones, razonamientos...
• ¿Qué quieres? Objetivos que, si se cumplieran, significaría que el problema está resuelto

5. Redefinir el problema y especificar tus objetivos. Los puntos 2 y 4 son muy importantes porque te ayudan a saber cuál es el verdadero problema. Ten en cuenta (y esto es muy importante) que el problema no es la persona implicada, ni lo que ha sucedido, ni cómo ni por qué. El verdadero problema es cómo te sientes tú, cómo respondes, por qué respondes así, cuándo y dónde lo haces. Veamos como ejemplo el caso de una mujer que dijo que su problema consistía en que sus hijos no hacían las tareas de casa que les asignaba. Al definir el problema de este modo le resultaba imposible encontrar soluciones. Pero cuando redefinió el problema vio que en realidad consistía en lo siguiente:

• Sentía ira hacia sus hijos
• Tenía trabajo extra en casa o se quedaban tareas sin hacer
• Estaba agotada

Al definir el problema de este modo dejas de centrarte en lo que "deberían" hacer los demás para pasar a centrarte en lo que puedes hacer tú. Ella podría insistir en que sus hijos son los que actúan mal y, por tanto ellos son los que deberían cambiar. Pero el control que tenemos sobre la conducta de los demás es muy limitado, de modo que si sus hijos se niegan totalmente a hacer las tareas, puede ser muy difícil obligarlos. En cambio, si te centras en lo que puedes hacer tú, tienes más probabilidades de encontrar soluciones, como veremos a continuación.

6. Generar alternativas. Aquí se utiliza una técnica llamada "tormenta de ideas", que consiste en escribir todas las soluciones que se te ocurran, sin detenerte a pensar en ellas, tanto si son buenas como si son descabelladas. Lo que importa es la cantidad. Cuantas más ideas se produzcan, mayor es la probabilidad de tener ideas buenas o de combinar varias ideas mediocres para crear una buena. Puedes pedir ayuda a otras personas, si lo deseas. Piensa en soluciones para cada uno de tus objetivos. Por ejemplo, la mujer de la que hemos hablado, pensó cosas como las siguientes: irse de casa, mandar a los hijos a un internado, contratar a alguien para hacer las tareas, pagar a sus hijos por hacer las tareas, dejar las tareas sin hacer, resignarse a hacerlo todo ella, castigar a sus hijos cada vez que no hagan algo...

7. Combinar las ideas en busca de una mejor y analizar las ventajas y desventajas de cada una de ellas. En nuestro ejemplo, esta mujer pensó que contratar a alguien que hiciera las tareas cumpliría todos sus objetivos, pero no le satisfizo porque pensó que sus hijos necesitaban aprender a hacer las cosas por sí mismos y no esperar que los demás les sirvan en todo momento. También pensó que podría ser buena idea pagarles por hacer las tareas y castigarlos por no hacerlas, pero como no estaba segura de que el castigo pudiera tener éxito, reestructuró la idea del siguiente modo: "dado que les doy una asignación al mes, lo que haré será suprimirla y decirles que si quieren dinero a fin de mes, tendrán que hacer las tareas. Cada una de ellas costaría un precio y además tendrían la posibilidad de hacer tareas extras y conseguir algo más de dinero".

8. Analizar la viabilidad de la solución encontrada: "El dinero no me supone un problema, pues tenemos lo suficiente como para darles algo más por las tareas extras. Conseguiré estar más descansada y que las tareas estén hechas. Ellos aprenderán autodisciplina y creo que lo harán de buena gana por conseguir el dinero".

9. Poner en práctica la solución y comprobar si da resultado.

10. Si no da resultado, seleccionar otra solución y llevarla a la práctica.