Una vez que has entrado en ese lugar especial mediante las instrucciones que hemos descrito, puedes hacer uso de la visualización para tratar determinados síntomas o enfermedades. Para ello, describimos a continuación varias estrategias:
Comunicar con el guía interior.
Es una forma de consultar el inconsciente cuando se está profundamente relajado. El inconsciente es un poderoso almacén de conocimiento al que podemos recurrir para encontrar respuestas y sanarnos. El guía interior es una especie de mensajero que tiene acceso a ese almacén de conocimientos inconscientes. Este guía puede tomar muchas formas: puede ser una persona, un animal, una planta, un ser imaginario, un lugar o un suceso. El guía interior puede hablar, demostrar, señalar o simplemente aludir a la respuesta que se está buscando. Puedes preguntarle por qué tienes una enfermedad crónica, qué significa un síntoma, cómo afrontar un problema, cómo superar algo, etc.
Para consultar el guía interior, sigue las instrucciones que dimos anteriormente y una vez en tu lugar especial sigue estas instrucciones (puedes grabarlas o tener una persona que te las lea):
Cuando estés profundamente relajado en tu lugar especial, mira a lo lejos. Imagina que una pequeña y brillante luz azulada se mueve hacia ti (pausa). Cuando la luz está mas cerca, descubres que tiene vida. Tal vez sea un ser extraño en son de paz o un animal (pausa). A medida que esta persona o animal se aproxima, puedes apreciar los detalles de su apariencia: forma, color, cara, postura y peculiaridades (pausa). Si te mantienes relajado, caliente, cómodo y satisfecho/a en presencia de ese ser, sabes que puede servirte como guía interior. Pregúntale cuál es su nombre y espera su respuesta. Si no te sientes cómodo con su presencia, haz algunas preguntas para averiguar por qué tienes miedo. Espera las respuestas (pausa). Una vez sientas que puede servirte de guía interior, pídele que te ayude en tu problema. Discute el problema como lo harías con un amigo íntimo. Presta mucha atención a lo que el guía te dice o a cualquier gesto que pueda realizar. Puede transmitir su consejo con palabras, mostrándote algo, un suceso o sentimientos (pausa). Cuando hayas acabado, acuerda con el guía encontraros en el futuro para hablar de otros temas (pausa).
Abandona el guía interior y el lugar especial y regresa a la escalera mecánica. Extiende la mano, agárrate a la barandilla y sube. A medida que vayas subiendo cuenta hasta diez lentamente: uno... dos... tres... cuatro... cinco... seis... siete... ocho... nueve... diez. Cuando hayas llegado arriba y vuelvas a la realidad, abre los ojos. Desperézate hasta estar completamente consciente. Haz una pausa y observa cómo te sientes (pausa). Revisa la experiencia, quizás convenga tomar notas de lo aprendido. Considera cómo se relaciona esta experiencia con tu vida y qué acciones, si es que las hay, adoptarás como consecuencia del diálogo con el guía interior.
Es posible que sean necesarios varios intentos antes de lograr contactar con el guía interior. No te desanimes y ten paciencia; después de todo es probable que hayas ignorado su existencia durante años.
Combatir la enfermedad y el daño físico
1. Relájate en un sillón cómodo con los pies en el suelo y las extremidades apoyadas de manera que no queden tensas. Asegúrate de que nadie va a molestarte y de que la temperatura es agradable y la iluminación suave.
2. Usa los ejercicios de relajación descritos anteriormente.
3. Crea una imagen mental de tu enfermedad o daño. Imagínala de manera que tenga sentido para ti. Por ejemplo, si tienes un brazo roto, puedes imaginarte las puntas desiguales del hueso prácticamente encajadas pero sin soldar. Si padeces úlcera de estómago, puedes imaginar la llaga inflamada en las paredes de tu estómago.
4. Imagina un tratamiento (real o mágico) que eliminará el daño o enfermedad o que refuerce la capacidad del propio cuerpo para curarse. Por ejemplo, puedes imaginar cómo te reduces hasta ser del tamaño de una célula y entras en tu brazo roto hasta el lugar de la fractura, y allí la sueldas hasta que quede totalmente curado. O puedes imaginar leche o antiácidos cubriendo la úlcera con un líquido blanco calmante que neutraliza el ácido y reduce la inflamación. Si estás bajo tratamiento médico, puedes imaginar cómo el mismo trabaja con eficacia.
5. Imagina las defensas y procesos físicos naturales que eliminan la enfermedad o daño. Puedes imaginar la sangre fluir nueva y roja. E imaginar que un ejército de fuertes y poderosas células del sistema inmunitario recorren tu cuerpo y atacan y destruyen el virus que te está haciendo enfermar hasta eliminarlo por completo (incluyendo los virus que se esconden o que están en estado latente). O puedes imaginar cómo las células dañadas de tu úlcera son sustituidas por células sanas, reparando el tejido dañado hasta estar perfectamente curado y eliminando las células dañadas.
6. Imagínate a ti mismo/a libre de enfermedad, dolor o daño. Imagina el hueso completamente sano, tu estómago sin úlcera. Imagínate feliz y participando en tus actividades favoritas, riendo, disfrutando de tu salud, avanzando con éxito hacia el logro de tus metas, realizando actividades o proyectos que deseabas hacer desde hace tiempo.
7. Felicítate por participar en tu recuperación e imagínate haciendo este ejercicio dos o tres veces al día en un estado alerta y relajado.